Consecuencias y signos de alerta de la recaída en personas con esquizofrenia


La recaída consiste en la reaparición de síntomas de la enfermedad en una persona que habiendo sido diagnosticada de esquizofrenia estaba libre de ellos o los padecía de una forma atenuada. Esto provoca un cambio en el funcionamiento de la persona afectada o deterioro social. Como consecuencia de esto, se necesita un cambio en el manejo de la enfermedad que permita resolver esta situación de forma rápida (hospitalización, cambio de tratamiento). Las recaídas suponen pues un problema importante, pues empeorará la evolución de la enfermedad, aumentando las dificultades para el funcionamiento pleno y autónomo y lo que es más importante, pueden disminuir la respuesta a futuros tratamientos. Los estudios muestran que el abandono de la medicación es el predictor más potente de las recaídas en las enfermedades psicóticas, un fenómeno que tiene graves consecuencias para los pacientes. Las recaídas son costosas, tienen un precio a nivel biológico porque hay pérdida de masa encefálica; a nivel psicológico porque el paciente se aleja de la normalidad en la adaptación a su entorno; a nivel social porque se aísla aún más; y a nivel económico porque, al final, acaban recibiendo más medicación para controlar los síntomas.

Cada recaída determina alteraciones orgánicas en el cerebro, con una disminución de la densidad de la materia gris del cerebro, que se traduce en empeoramiento de la función cognitiva. También provoca reducción del volumen de los lóbulos frontales y temporales del cerebro que se correlaciona con un empeoramiento de su sintomatología negativa (mayor apatía, abulia, anhedonia, embotamiento afectivo, aislamiento). También puede llegar a producir agrandamiento de los ventrículos cerebrales, sobre todo cuando llevan más de 10 años de evolución y recaídas frecuentes. Períodos largos de recaída pueden tener un efecto negativo en la integridad cerebral, de ahí la importancia de implementar medidas proactivas que puedan prevenir la recaída y mejore el cumplimiento terapéutico.

Con cada recaída la recuperación se ralentiza y el curso de la enfermedad empeora, con pérdida de la funcionalidad, la calidad de vida y aumentando la dificultad para reestablecer el nivel de funcionamiento anterior, al mismo tiempo que conlleva resistencia al tratamiento.

La detección temprana de los signos y/o síntomas que preceden a la recaída, tanto por parte de la persona con esquizofrenia como de la familia, permitirá abordarla de forma adecuada, minimizando o anulado las consecuencias de ésta. Con frecuencia las personas que sufren esquizofrenia no se dan cuenta de que vuelven a encontrarse mal y su apoyo en ese momento puede resultar crucial para ayudarles a recibir el tratamiento que necesitan y evitar una recaída completa. La prevención de las recaídas es uno de los factores clave para alcanzar la funcionalidad social de las personas con esquizofrenia. Está comprobado que garantizar el tratamiento antipsicótico minimiza el riesgo de recaídas y permite una mayor estabilidad del paciente. Esto permite mejorar la integración, minimizando el estigma y por lo tanto consiguiendo una mayor normalización. Igualmente, la esquizofrenia es una enfermedad crónica que requiere un tratamiento a largo plazo. En este sentido, utilizar herramientas terapéuticas de larga duración, que hagan más sencillo el seguimiento de la medicación, parece ser la estrategia adecuada, ofreciendo al paciente mayores posibilidades.

Los signos más frecuentes que predicen una recaída son:

• Fatiga excesiva e insomnio o dificultad para dormirse. Dormir y comer menos
• Retracción o aislamiento social, soledad y reclusión. No salir de la cama
• Incapacidad para concentrarse o cooperar con problemas menores
• Indiferencia aparente, aún en situaciones altamente importantes
• Reducción de actividades. Falta de interés y motivación hacia las actividades diarias
• Declinación de su rendimiento, tanto académica como atlética
• Deterioro de su higiene personal – excentricidad en el vestir
• Vueltas o movimientos frecuentes, viajes o largas caminatas sin rumbo fijo
• Abuso del alcohol o drogas
• Excesiva preocupación por los asuntos espirituales o religiosos
• Conducta caprichosa, carcajadas inapropiadas, posturas extrañas. Conducta inusual o poco característica
• Escasa tolerancia a la irritación
• Incapacidad para expresar emoción
• Escritura excesiva sin significado aparente
• Estadios irracionales, peculiar uso de palabras o de estructura del lenguaje, conversación que parece profunda, pero no es lógica ni coherente
• Fijar la vista, vaguedad
• Sensibilidad poco usual a los estímulos (al ruido, a la luz)

Variará de persona a persona. Las personas con enfermedad mental suelen aprender con el tiempo a reconocer sus señales de recaída o alarma, pero primero la familia tiene que aprender a reconocer el patrón típico de su ser querido. Si observa cualquiera de estos signos, o si le preocupa su comportamiento, es importante convencerles de que hablen con su médico lo antes posible.



Volver